La tardía Edad Media
En Colombia aún estamos en la Edad Media.
Las supersticiones, las brujas, los clarividentes, las apariciones y un dios que controla nuestro destino son características típicas de nuestra actual sociedad. Flagelos de creencias extranjeras, de la conquista española o inclusive combinación de las dos o a lo que sea que quieran atribuirle el origen, en el fondo es siempre el mismo motivo el que les da vida: La falta de carácter para tomar las riendas de su propio destino y de su propia vida.
Personalmente no me afectan las brujerías, los rituales o cualquier otro rito o práctica que quiera adoptarse, porque al fin y al cabo, se ejecutan por voluntad propia y por fines personales (así no surta ningún efecto por más fervor que se le agregue a la receta). Sin embargo me parece preocupante la influencia que ha venido ganando la religión en todo esto. Carece de relevancia el tipo de credo o ideología de la que se componga. Lo peligroso es la manipulación y alienación que ejerce ésta en la población.
Me permito recordar que este tipo de manejo e influencia fue componente fundamental de la Edad Oscura en Europa. Fue su principal protagonista y también el principal encargado de impedir el avance de las Ciencias, la Filosofía y el libre pensamiento crítico, que condujo a un inevitable estancamiento social y evolutivo de 1000 años. El valor de las obras científicas destruidas por iconos de la religión es incalculable. El daño al progreso de la raza humana crecía descontroladamente mientras se promulgaba el culto al estoicismo absurdo de promesas y tierras imaginarias.
El increíble poder de esta ideología para tergiversar la realidad y desubicar la perspectiva del sentido común en sus seguidores, sólo se compara con las devastadoras consecuencias que provoca en sus horizontes. Las fieles ovejitas que, por estar plantando semillas en tierras irreales, se olvidan de trabajar la tierra del mundo real, se olvidan de sus necesidades, de sus familias, de sus amigos y de las pocas cosas verdaderamente importantes en este mundo. Lo dejan todo botado y salen tras una dulce metáfora que promete cumplir sus sueños más frustrados e imposibles, dándoles rienda suelta a sus mecanismos de ajuste fantásticos que puedan ¡por favor! librarlos de la terrible amenaza y tensiones del mundo real. No se trata de huir, se trata de enfrentar los problemas, y no con armas imaginarias, sino con el sentido común y con las reglas de juego que funcionan en este mundo y no en otro, porque nacemos, vivimos y morimos en este mundo, nos guste o no. Por eso prefiero conocer este hermoso mundo y ser feliz con él, con lo bueno y con lo malo. Es algo mucho más productivo y gratificante que sentarme a soñar con otros mundos.
¡Pero cada quién es libre de escoger y practicar su religión!, ¡lo dice la Constitución de 1991!-Podrán argumentar.
Sí, es cierto. Hay muchas cosas que son legales porque no les dan la importancia y el impacto social que merecen. Es como legalizar la cocaína. Al Gobierno lo le importa que nos tiremos nuestra salud y cabeza mientras sigamos pagando impuestos y reformas tributarias y sus salarios de 16 millones más comisiones. Es más, entre más ingenuos e ignorantes, mejor. Entre más "Dad al César lo que es del César", ideal para ellos.
Realmente no me involucraría si fuera algo realmente inofensivo, como un conjunto de políticas y valores de vida. Pero me temo que daña la voluntad de libre pensamiento y decisión de las personas, y mientras eso exista, no habrá pensadores, y si no hay pensadores, no hay progreso en la raza, y si no hay progreso, como dicen por ahí, "apague y vamonos", nada que hacer.
Siempre he pensado que la religión es como un parásito. Se aprovecha de las mejores condiciones sociales para atacar. De no existir gente valerosa que haya desafiado la manipulación del credo, estaríamos todavía viviendo en cuevas esperando a que dios nos trajera "el maná del cielo" ¡y sin ni siquiera papel higiénico, imagínense!.
No entraré en superfluas discusiones teológicas, ni les voy a decir que crean o no crean en dioses que lo controlan todo y que hasta nos ve cagar. Simplemente me gustaría que pensaran un poco en lo provechoso que les pueda traer una aventura de esas. Recuerden que vivimos en el planeta Tierra, somos seres humanos, comemos, nos vestimos, tenemos necesidades (que no parecen provenir propiamente de un dios perfecto) y nos valemos de tratos reales, hechos reales y personas reales para sobrevivir.
Una vez terminen su reflexión, pregúntense cuánto le tomará a nuestra sociedad salir de ese hueco (que para mí es un vicio peor que el opio) y que ojalá las grandes potencias no se los coman mientras andan rezando.
Gracias.
Daniel Buitrago.
(Para más información o consultas telogico-existencialistas de la religión consultar: Historia Criminal del cristianismo de Deschner Karlheinz. Martínez Roca, 1990. O El Anticristo de Friederich Nietszche)
